¿Conoces el sotol?
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Notas de cata
En nariz:
Al olerlo, notarás una mezcla de hierbas frescas, mentol, eucalipto, ralladura de lima y un toque de nueces. También podrás percibir sutiles aromas de tierra húmeda, madera. A medida que sigas explorando su aroma, empezarán a aparecer suaves notas florales.
En boca:
Al probar el Sotol Cardenal, se siente suave y fácil de beber, con una agradable mezcla de hierbas, frutas y un ligero toque ahumado.
En el final:
El retrogusto es de cuerpo medio y con capas, dejando un recubrimiento suave en la boca con matices de chocolate para repostería y un toque de nuez. En general, el sabor ofrece un equilibrio único entre el alcohol suave y una variedad de sabores. Sotol Cardenal te entrega un ensamble bien equilibrado, elaborado con esmero y complejidad, lo que lo hace interesante y placentero de beber.
Un perfil rico que destaca por sus cualidades herbales y frutales.
Maestro sotolero
Gerardo Ruelas es el maestro detrás de Sotol Cardenal, con una rica tradición y experiencia en la destilación artesanal del sotol en el desierto de Chihuahua. Bajo su guía, Sotol Cardenal se elabora con una receta única que combina dos especies de Dasylirion. Esta fusión da lugar a un destilado con un perfil de sabor distintivo, con notas suaves y un toque ligero de ahumado, reflejando el auténtico carácter del desierto.
Origenes
El sotol se produce en el norte de México desde hace más de 300 años.
Su materia prima, el Dasylirion, es una planta silvestre que crece en regiones áridas de Chihuahua, Durango y Coahuila.
A diferencia del agave, no se cultiva ni se planta en hileras: se encuentra disperso en el paisaje, adaptado a su entorno natural.
Las comunidades locales destilaban sotol mucho antes de que existieran regulaciones o denominaciones.
Era una bebida regional, elaborada con técnicas transmitidas entre generaciones, y destinada al consumo local: para celebraciones, trueques o simples reuniones entre vecinos.
La Prohibición
Entre 1920 y 1933, durante la prohibición del alcohol en Estados Unidos, las ciudades fronterizas de México —en especial Ciudad Juárez— se convirtieron en centros de ocio y abastecimiento para el público estadounidense.
El sotol, abundante y accesible en la región, cruzó la frontera en pequeñas cantidades y se sirvió en bares clandestinos (speakeasy) a ambos lados del río Bravo.
En esos años, el destilado se ganó una reputación entre soldados, músicos y viajeros que buscaban una bebida distinta: seca, directa y con el carácter del desierto.
Tras el fin de la prohibición, el tequila se consolidó como el destilado mexicano de referencia, impulsado por una industria organizada y una denominación de origen temprana.
El sotol, en cambio, permaneció relegado al norte: producido artesanalmente, sin reconocimiento legal y fuera de los circuitos comerciales nacionales.
Durante décadas, su elaboración continuó en pequeñas comunidades rurales, manteniendo prácticas tradicionales que hoy forman parte de su valor distintivo.
Denominación de origen
En 2002, el sotol obtuvo su Denominación de Origen, que abarca los estados de Chihuahua, Durango y Coahuila.
Este reconocimiento formalizó una práctica histórica y permitió el resurgimiento de proyectos dedicados a producir sotol con identidad, calidad y trazabilidad.
Su producción une la experiencia de los maestros sotoleros del norte con un enfoque contemporáneo en control, precisión y respeto por el entorno donde la planta nace.